viernes, 22 de abril de 2016

Los 12 Trabajos de Heracles: Matar a la Hidra de Lerna


Poniendo luz en nuestras Sombras


Veamos a continuación el Trabajo nº 2 de Heracles, siguiendo el orden más aceptado en la lectura del mito, y también una de las hazañas más difíciles y prodigiosas del héroe.

Euristeo encarga a Heracles encontrar a la feroz y malévola Hidra de Lerna, un temible monstruo de múltiples cabezas, las cuales, según las diferentes interpretaciones del mito suman 9, 10, 100, 1.000, ¡y hasta 10.000!, todas y cada una de ellas armadas con una poderosa dentadura, cuya mordedura es mortal de necesidad.




Parte entonces Heracles, acompañado de su fiel ayudante Yolao, y de nuevo bien instruido por su mentor Euristeo de las características y peligros del nuevo trabajo que ha de acometer.
La Hidra, implacable y monstruosa criatura, vive en el corazón del infernal y nauseabundo pantano de la región de Lerna, un lugar que otrora fue bello y acogedor, pero que el monstruo había convertido con su presencia y su poder, en un rincón maldito y olvidado que nadie que apreciase la vida quería frecuentar.




Sus aguas putrefactas despedían un vapor denso y venenoso, capaz de matar por asfixia al más fuerte y recio de los hombres, ¡incluso de los héroes!, por lo que tanto Heracles como Yolao han de cubrirse la cara con un pañuelo, respirando con dificultad.
Al igual que el León de Nemea, objeto del Primer Trabajo de Heracles, la Hidra, serpiente de múltiples y mortíferas cabezas, y aún más peligrosa, fue criada con esmero por Hera, esposa de Zeus y también la más implacable adversaria del héroe.
Puedes leer sobre el León de Nemea y su muerte a manos de Heracles haciendo click en este enlace:

Algunas versiones añaden además el dato del estrecho parentesco entre ambas criaturas, pues la Hidra y el León eran hermanos, señalando que este trabajo le fue encomendado a Heracles para que en su ejecución hallara la muerte, vengando así al León de Nemea y al honor ofendido de la altiva Hera.
Al llegar al pantano de Lerna, Heracles comienza una minuciosa búsqueda de la astuta Hidra, pero ésta, advertida de la presencia y del propósito del héroe, se refugia en lo más profundo de la húmeda cueva que le sirve de guarida, rehuyendo una batalla que no estaba segura de poder ganar, al igual que hizo el León de Nemea.
Heracles toma entonces su arco y encendiendo la punta de sus flechas, comienza a disparar hacia la entrada de la cueva, para obligar a la Hidra a salir y presentar batalla.
Durante tres largos días, con sus tres noches, Heracles y la Hidra midieron su paciencia y determinación, hasta que al fin, al amanecer del cuarto día la monstruosa señora del pantano de Lerna se dio por vencida, en este primer asalto, y salió a la tenue y grisácea luz que apenas alcanzaba a alumbrar el pantano, para plantar cara al héroe.
¡Entonces comenzó la verdadera lucha, a vida o muerte! Armado de su poderosa espada, afilada como los rayos del sol, Heracles cortó una y otra vez cuantas cabezas de la Hidra tuvo al alcance de su brazo, esquivando a su vez las mordeduras de las que aún no había decapitado.




Pero fue entonces cuando la Hidra mostró su verdadero poder de regeneración, ¡pues de cada cabeza cortada surgían dos nuevas cabezas!
Así se desarrolló el implacable duelo a vida o muerte entre Heracles y la Hidra, pero el héroe no tardó demasiado en comprender que era una batalla perdida de antemano...
Más tarde o más temprano, una de las cabezas restantes alcanzaría a morderle, inyectándole el veneno que paralizaría sus miembros y le ocasionaría una muerte inevitable, incluso a él, semidiós e hijo de Zeus, señor del Olimpo.
Sin embargo, y como he señalado muchas veces, un héroe no lo es solo por su fuerza y determinación, sino también -y sobretodo- por su astucia e inteligencia, y Heracles no es una excepción.
Habiendo comprendido la necesidad de un cambio en su estrategia, Heracles guarda su espada y metiéndose en el pantano hasta el pecho, agarra a la Hidra por su cuerpo, y con la única ayuda de sus poderosos brazos la levanta, sacándola del agua donde también se había sabido defender, y la eleva hasta donde los limpios rayos del sol iluminan al monstruo, bañando con su cálida y purificadora luz hasta la última de sus innumerables cabezas.
¡Entonces sucede el prodigio! Y todas las cabezas se secan y exánimes caen muertas para siempre, como cae la ceniza del cuerpo quemado de una criatura a la tierra que le dio vida...
Todas las cabezas menos una; la madre de todas las cabezas, la única realmente inmortal, esa sigue viva y coleando, pero no por mucho tiempo, pues tomando de nuevo su espada, Heracles corta esta última cabeza, poniendo fin para siempre a la existencia de la terrorífica Hidra del pantano de Lerna.




Otra versión del mito nos narra como tras cortar una cabeza, su ayudante Yolao cauterizó la herida con el fuego de una antorcha para prevenir que ninguna nueva cabeza surgiera de la decapitada.




Por último, antes de dar por concluido el trabajo, entierra la cabeza debajo de una gran roca, exclamando entonces con la satisfacción del deber cumplido: “El Trabajo hecho está!”

La Hidra representa, en la interpretación psicológica del mito, a nuestra Sombra Oscura, y también a la parte más destructiva de ésta, llamada Sombra Destructora.
Vive en el putrefacto y venenoso pantano de Lerna; el agua representa en su clave simbólica a nuestras emociones, y dado que éstas están ligadas en el ser humano a sus pensamientos, pues la nuestra es una mente llena de deseos, el hogar de la Hidra es una imagen perfecta de nuestra psique, poblada de emociones insanas y muy venenosas, que alejan toda forma de vida sana de ella.
Al ser retada por el héroe, la Hidra retrocede hasta su guarida -al igual que hizo el Ego-León de Nemea- y la cueva representa nuestro inconsciente, o sea, aquella parte de la psique que opera sin nuestro permiso y conocimiento, y frecuentemente en contra de nuestra voluntad y legítimos intereses.
Las flechas de fuego son los intentos de Heracles de poner luz -Consciencia- en la cueva de lo inconsciente, para obligar a la Sombra-Hidra a salir al descubierto y luchar cara a cara.
Tres días, símbolo de un ciclo, tarda en conseguir que salga a la luz; pero entonces se da cuenta que cortar una cabeza -solucionar un problema o dificultad- no sirve de nada, pues dos más aparecen a continuación.
Esta clave nos enseña que hemos de ir a la raíz del problema, a la causa original, no al efecto posterior ni a la causa aparente, porque solamente así podremos matar a la Hidra, es decir, solucionar el problema principal y esencial de nuestra vida, que es la falta de verdadero Amor por nosotros mismos, y la aversión y alejamiento de nuestro verdadero Ser.
Todo lo que sucede a continuación es una consecuencia de este trágico acontecimiento, pues tal y como relata el mito, fue la presencia de la Hidra lo que convirtió a la primitiva laguna en un pantano desolado y ausente de toda forma de vida que no fuera la de la monstruosa serpiente de múltiples cabezas.
Como has podido leer este Trabajo es muy interesante, y su resolución nos brinda muchas claves prácticas para aplicar a nuestra vida, porque como enseñó Joseph Campbell: “El mito es un vehículo de mensajes válidos para toda la vida.”

Seguiremos, en el próximo Trabajo, el tercero de los 12, con la captura de la escurridiza y enigmática Cierva Cerinia.
Mientras tanto te invito a leer el artículo con el cual comenzamos esta serie:


Manuel Marques Robles

Mentor y Coach para el Camino del Héroe


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