viernes, 10 de junio de 2016

Los 12 Trabajos de Heracles: Derrotar a las Amazonas y tomar el Cinturón de Hipólita, su Reina


Equilibrando coraje e impulsividad con compasión y discernimiento


El Noveno Trabajo que realiza Heracles es, en su desenlace, otra dura lección para el héroe, pero en esta ocasión el hijo de Zeus, protagonista de los 12 Trabajos toma conciencia rápidamente de su error y lo compensa con una acción digna de un hombre de bien.





Euristeo, mentor de Heracles, tiene un hija llamada Admete; ella pide para sí el Cinturón de la Reina Hipólita, quien gobierna al poderoso pueblo de las mujeres nacidas y criadas para la guerra, las Amazonas; así pues, para complacer a Admete, Euristeo ordena a Heracles robar el Cinturón y traerlo consigo como regalo a su hija.




Este Cinturón, era un regalo divino, según unas interpretaciones del mito de Venus, diosa del Amor, y según otras de Ares, dios de la Guerra y la Confrontación; el Cinturón era el símbolo del poder de Hipólita sobre su pueblo, al cual había sabido unir gracias a la fuerza de las armas y a la inteligencia de sus estrategias militares.
Vivían en la orilla izquierda del Danubio, mirando hacia el Mar Negro, y hasta esas lejanas tierras -para la época, hace 3.000 años- llegó Heracles, acompañado de un grupo de guerreros voluntarios.




Las Amazonas despreciaban y mataban a los hombres, incluso a los niños recién nacidos, y solamente se servían de ellos para los sacrificios y para engendrar nuevas guerreras.
Era este pueblo formado exclusivamente por mujeres, descendientes de Ares y de la ninfa Armonía, devotas del mismo Ares, al cual ofrendaban en su templo dedicado a la Luna.
Heracles planea ganarse el aprecio y el respeto de las Amazonas, para obtener el Cinturón de la misma Hipólita sin recurrir a la violencia. Así sucede al principio, según narra una de las versiones del mito; sin embargo, la diosa Hera, la siempre presente adversaria del héroe, confabula contra él y sus buenos propósitos, haciendo correr entre las Amazonas un rumor sobre las verdaderas -según ella- intenciones de Heracles y los suyos: Secuestrar a la Reina Hipólita y llevársela consigo.
Las Amazonas toman sus armas y atacan al héroe y a los suyos, produciéndose una gran batalla en la cual Hipólita y las principales Amazonas pierden la vida.




Una versión diferente del mito ofrece otra escena: Hipólita da la bienvenida a Heracles, dispuesta a entregarle su Cinturón sin ofrecer resistencia ni intentar negociar o convencerle para que desista de su empeño -incluso hay investigadores que sostienen que la Reina se enamora de Heracles- pero el héroe, desconfiando de las intenciones de la reina, y temiendo una emboscada, la mata en el mismo salón del trono, delante de las Amazonas, y terminando con la vida de varias de ellas en su huida.




Fuere como fuere, Heracles se da cuenta de su terrible error, pues ha quitado varias vidas sin motivo alguno que justifique esta acción absurda y criminal.
Profundamente dolido por su estúpida acción, decide compensarla con una acción bienhechora, aun poniendo en riesgo su propia vida. 




La oportunidad se presentó en su viaje de regreso, pues Hesíone, hija del Rey de Troya, Laomedonte, estaba a punto de ser devorada por un furioso monstruo marino, enviado como castigo por Poseidón, dios del mar, quien reclamaba el pago por la construcción de un lienzo de la muralla de la legendaria ciudad.
No pudo evitar el héroe que Hesíone fuera devorada por la criatura de Poseidón... Sin embargo, empuñando su espada, abrió el vientre del monstruo y de él rescató a la princesa. 




Satisfecho con su buena y heroica acción, Heracles se sintió aliviado y emprendió el último tramo de su viaje a la morada de Euristeo y Admete.
Al llegar ante Euristeo, éste le recrimina por el innecesario asesinato de la Reina Hipólita y varias de sus Amazonas, pero reconoce que al haber salvado a la princesa Hesíone, ha demostrado haber aprendido la lección, compensando su error.
Varias son las interesantes y útiles claves psicológicas de este Noveno Trabajo: Las Amazonas representan los extremos de las energías masculina y femenina, con el claro predominio de la primera, pues habían relegado y aun despreciado su capacidad para albergar y dar vida, por desarrollar la maestría de arrebatarla a sus adversarios.




Igualmente habían reprimido su lado más tierno y compasivo para potenciar al máximo su faceta protectora, la cual había derivado en un impulso destructor y aniquilador, desprovisto de respeto y de piedad hacia todos aquellos a quienes consideraran una amenaza, especialmente a los representantes del sexo masculino. La Guerrera había enterrado a la Madre... ¡Los extremos nunca son buenos ni albergan ningún futuro!
El Cinturón de la Reina Hipólita, legada por Ares o por Venus, era precisamente el símbolo de:
"La Unidad lograda a través de la lucha, el conflicto, la contienda, la Maternidad y del Niño Sagrado -el Niño Interior- hacia quien toda vida humana realmente dirige su rumbo de evolución.”

Esta es la 2ª Clave: Llegar a la armonización a través del conflicto, superando todo antagonismo dentro y fuera de uno mismo.




Heracles roba el Cinturón, matando a su legítima propietaria, y dejándose llevar una vez más por sus instintos más animales -como sucedió con los Centauros en el trabajo de la captura del Jabalí de Erimanto- pero espoleado por su dolor y su propia consciencia, arriesga su vida salvando la vida de la princesa Hesíone. Una vida compensa a otra, un acierto a un error.

¡Muy bien! Así transcurrió y hemos aprendido del Noveno Trabajo de Heracles. Restan 3 Trabajos más dentro del Ciclo de 12, junto con otros dos que llevó a cabo a posteriori, los cuales conocerás en breve.
Si quieres saber más sobre el origen y desarrollo de los 12 Trabajos, puedes hacerlo leyendo este artículo:


Manuel Marques Robles

Mentor y Coach para el Camino del Héroe

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