jueves, 23 de junio de 2016

Los 12 Trabajos de Heracles: Robar las Manzanas del Jardín de las Hespérides


Armonizando nuestra dualidad para servir al Universo


Sé bienvenido al Undécimo y penúltimo Trabajo de Heracles, el cual es también el más trascendental. Euristeo encarga a su discípulo robar las Tres Manzanas de Oro del Jardín de las Hespérides.




Estas manzanas fueron el regalo de boda de la diosa Gea -la Madre Tierra- a Hera, al tomar en matrimonio a Zeus, padre de los dioses y señor del Olimpo.
Hera es también la gran adversaria de Heracles a lo largo del Ciclo de sus 12 Trabajos, intentando una y otra vez -aunque no consiguiendo- que el héroe fracase y se de por vencido o sea muerto en el intento de realizar sus Trabajos.
La diosa había mandado custodiar las Tres Manzanas de Oro en su jardín sagrado, situado en la falda del monte Atlas; allí, un dragón de cien cabezas, de nombre Ladón, y tres ninfas conocidas como las Hespérides, y llamadas Egle, Eritia, y Hesperaretusa, es decir, “La Resplandeciente”, “La Roja”, y “La Aretusa de Poniente.”




A diferencia de sus Trabajos anteriores, Heracles no recibió de Euristeo ninguna indicación o información válida sobre dónde estaba situado el Jardín de las Hespérides, por lo que hubo de emprender una búsqueda a lo largo y ancho del mundo, tanto el conocido como el que se encontraba más allá de éste, en las cuatro direcciones del horizonte...
Para facilitar su tarea decidió pedir consejo a Nereo, también conocido como “El Anciano del Mar.” Este enigmático personaje demostró ser tan sabio como poco dado a compartir su conocimiento, y tras muchas respuestas ambiguas, Heracles prosiguió solo su camino.




A lo largo de su incesante búsqueda, siguiendo rumbo sur, hubo de enfrentarse a la Serpiente Anteo, gigantesca criatura aparentemente invencible, hijo de Poseidón, dios del Océano, y de Gea, la ya mencionada Madre Tierra.
Heracles descubrió cómo derrotarla al levantarla en el aire, pues en esa posición perdió todo su poder.
Su siguiente rival fue más astuto y peligroso; se llamaba Busiris, y era hijo de Poseidón y de una mujer mortal. Engañó a Heracles, haciéndole creer que le revelaría el camino correcto al Jardín de las Hespérides, pero le mantuvo en su palacio como invitado, hasta que llegó a olvidar su misión, y entonces le hizo prisionero tras haberlo narcotizado, y dispuso que fuese sacrificado.
No tardó Heracles en despertar y liberarse de sus ataduras, para a continuación matar a Busiris y abandonar su engañoso reino.
Prosiguió con su camino para realizar un prodigioso trabajo, que no forma parte del Ciclo de 12, pero que puede considerarse el Decimotercer Trabajo: Liberar al Titán Prometeo.




Prometeo, de quien hablaremos más adelante, estaba prisionero en el Tártaro, siniestro y olvidado rincón del Hades o Inframundo, que funcionaba como siniestra prisión para dioses, titanes y otros personajes díscolos que pudieran amenazar el domino del Olimpo sobre los hombres y los dioses.
Él fue quien robó el Fuego de la Consciencia del Olimpo para entregarlo a la Humanidad, desobedeciendo explícitamente a Zeus, quien le condenó a permanecer encadenado a una roca, mientras un águila le devoraba el hígado durante el día, herida que curaba completamente durante la noche, para comenzar de nuevo la tortura al día siguiente.
Heracles mató al águila con sus flechas, cortando para siempre las cadenas del ahora liberado Prometeo.




Finalmente llega ante Atlas, el gigante que soporta sobre sus hombros y espalda el peso del mundo. Apiadándose de él, toma la enorme esfera para auparla sobre sus propios hombros y relevar a Atlas de su tarea.




Fue entonces cuando Atlas, para agradecer a Heracles por su gesto, se dirigió al Jardín de las Hespérides -cuya localización Heracles seguía ignorando- y le entregó las Tres Manzanas de Oro.
Con ellas en la mano regresó Heracles para entregarlas a su mentor, quien no sabiendo qué hacer con ellas se las devolvió al héroe, que las entregó en el templo de su gran oponente, la diosa Hera.
Las claves psicológicas del Trabajo son tres: En primer lugar Heracles ha de comprometer en el cumplimiento de su misión tanto a su parte más animal, instintiva y agresiva, como a su parte divina, ejemplificados en la lucha a muerte contra Anteo, pues ahí ha de servirse de su fuerza para levantarlo en el aire, y también en la liberación de Prometeo de sus cadenas y de Atlas del peso del mundo, dos hechos en los cuales el héroe reconoce el mérito, servicio y sacrificio de ambos personajes, y el deber de contribuir él mismo a impulsar el progreso espiritual de la Humanidad.
Por este motivo todos nosotros estamos llamados a ser Heráclidas, o sea, héroes y heroínas de nuestra propia vida, siempre dispuestos a contribuir a construir un mundo mejor.




En segundo lugar, y acabamos de verlo, Heracles ha de superar definitivamente el egoísmo que de forma natural le viene dado por su parte más humana, y comprometerse decididamente con un servicio que trascienda su propio interés.
Ha de aprender además, y esta es la 3ª Clave Psicológica, a descubrir y evitar los engaños del camino -o a salir de ellos- simbolizados en el mito por el rey Busiris.

Muy bien; queda un último Trabajo, el nº 12, sobre el cual trataré en el siguiente artículo. Asimismo abordaré como un trabajo extra pero de enorme y significativa trascendencia, la liberación de Prometeo, artículo con el cual concluirá definitivamente este Ciclo de los (12 +1) Trabajos del héroe Heracles, espejo e inspiración para todos nosotros.
Puedes leer sobre los 12 Trabajos y el origen del Mito leyendo este artículo:


Manuel Marques Robles

Mentor y Coach para el Camino del Héroe


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