jueves, 7 de julio de 2016

Prometeo, el Primer Héroe


Él nos dio una nueva oportunidad a todos los seres humanos


Te doy de nuevo la bienvenida, estimado lector, a un trabajo que expuesto en este artículo y uno nuevo que le seguirá en breve, aborda uno de los más sorprendentes misterios del ser humano: El de la oportunidad que se le concedió en el principio de su historia para dar un poderoso paso hacia adelante en su evolución como especie; un paso que no estaba contemplado en el plan original. 




Un paso que nos abrió la posibilidad de trascender todas nuestras limitaciones como Humanidad, y al mismo tiempo de sobrevivir como tal, en un momento en el cual nuestro futuro era realmente incierto, y nuestras posibilidades infinitamente pequeñas.
Este milagroso acontecimiento fue posible gracias a la visión, la generosidad, y sobretodo el sacrificio, de un Titán que nos mostró la verdadera y única naturaleza del heroísmo. Él fue el Primer Héroe, y su nombre es Prometeo.




Hubo un tiempo, hace miles o quizás millones de años... En el cual la Humanidad vivía en la más absoluta de las tinieblas, ciega a toda luz espiritual, y presa de sus instintos animales. 




El ser humano existía para sobrevivir, como una especie animal dotada de una inteligencia superior, pero totalmente enfocada en su egoísmo, sin espacio en su corazón para la generosidad, la misericordia, el altruismo y ninguna de las virtudes que nos hacen realmente humanos.




Habíamos sido creados por los dioses, usando una mezcla de tierra y de fuego, tal y como nos explica el filósofo Platón en su obra “Protágoras”, y Prometeo y Epimeteo, ayudantes de Zeus, padre de los dioses y señor del Olimpo, habían distribuido los dones y habilidades entre los hombres y mujeres, dando a cada uno lo que mejor correspondía a su naturaleza y servía a su supervivencia.
Sin embargo, y a pesar de los dones distribuidos por ellos, la vida del ser humano era corta e incierta, y no había espacio en ella para la felicidad ni la trascendencia de sus limitantes ataduras a la supervivencia material. ¡Contemplarlos era un espectáculo desalentador!
Prometeo sintió empatía por nosotros, en ese estadío temprano de nuestra existencia y decidió hacernos entrega del mayor y más poderoso de los regalos: El Fuego de la Consciencia, la Llama Divina que ilumina nuestro camino en la vida.




Se presentó ante Zeus para pedirle compartir el Fuego Sagrado con las criaturas efímeras -la Humanidad- pero la respuesta de Zeus fue muy clara:
"No les corresponde en esta etapa de su camino llevar consigo el Fuego de la Consciencia. Habrán de seguir adelante con los dones que han recibido, ni uno más; ya han recibido suficiente. Esta es mi voluntad”

Sabía que el Fuego se custodiaba en la casa de Hefesto, pues el herrero del Olimpo lo utilizaba para sus trabajos, y el lugar no estaba vigilado por centinelas siempre en guardia, como los que custodiaban las puertas del Olimpo. 




Fue entonces al taller de Hefesto y de allí tomó el Fuego Sagrado, bajando con él al mundo denso y oscuro, sumido hasta entonces en la incertidumbre y la ciega desesperación, hogar de una Humanidad sin esperanza.




Cada hombre y cada mujer con quien compartió el Fuego tomó en proporción a lo que su Alma podía albergar, y así unos tomaron más y otros menos, pero todos recibieron con justicia.
Desde entonces, todo ser humano puede hacer suyas las virtudes que nos hacen realmente humanos, puente entre lo animal y lo divino: Generosidad, Sacrificio, Altruismo, Misericordia, Empatía... Y su corazón es capaz de ver más allá de sí mismo.




Por primera vez en su corta historia, la Humanidad podía trascenderse a sí misma y abrir las puertas a su parte divina; el ser humano tenía la oportunidad de hacer el real el dios que era en potencia, tal y como mucho tiempo después nos recordó Platón.




Sin embargo, el castigo por desobedecer las órdenes explícitas de Zeus fue terrible: Por orden suya, Prometeo fue llevado al Tártaro, un territorio de destierro situado en los confines del Hades, del Inframundo regido por su hermano Hades, y allí, encadenado a una roca, cada día sufriría el tormento de ver -y sentir- como su hígado era devorado por un águila, y cada noche esa terrible herida curaría para ser abierta de nuevo al día siguiente, y así hasta que su voluntad lo decidiese, o hasta el final de los tiempos...




A pesar de los ruegos de algunos dioses, quienes manifestaron a Zeus las buenas intenciones en la acción de Prometeo, el padre de los dioses no dio su brazo a torcer y confirmó su terrible e implacable sentencia.
Así se lamentaba Prometeo de su castigo, aun sintiendo que había hecho lo correcto, tal y como nuestra el libreto escrito por Esquilo para representar la escena en el Teatro Mistérico, en el diálogo entre Corifeo (el coro de las voces que preguntan en la obra) y Prometeo:

Corifeo - ¿Qué solución hallaste a este mal?

Prometeo - Albergué en ellos esperanzas ciegas.

Corifeo - Gran favor otorgaste a los mortales.

Prometeo - Además de esto, yo les regalé el fuego.

Corifeo - ¿Y ahora los efímeros tienen el fuego resplandeciente?

Prometeo - Por él aprenderán muchas artes.

Corifeo - Por tales culpas Zeus te...

Prometeo - ... me ultraja y no afloja para nada mis males.

Corifeo - ¿No hay un término fijado a tu prueba?

    Prometeo - No, ninguno, salvo cuando le plazca a él.
        ...

A pesar de rogar a Zeus para que le fuera levantado el castigo, éste se obstinó en ello, como era propio de su carácter orgulloso y autoritario, y desde entonces sufrió Prometeo su injusto castigo, hasta el día en que Heracles, Héroe entre los Héroes, hijo de Zeus y de la mujer mortal Alcmena, llegó en el transcurso de su Decimoprimer Trabajo al Tártaro para liberar a Prometeo, matando con sus flechas al águila que le torturaba y rompiendo para siempre su cadenas. 




Puedes leer el relato sobre este Trabajo en el siguiente artículo:

Y sobre el origen de Heracles y de sus 12 Trabajos leyendo aquí:

Veamos a continuación las claves psicológicas del mito: El Fuego Sagrado es la Consciencia presente en todos los seres, incluyendo a los seres humanos. La Humanidad vivía entonces con su consciencia totalmente dormida, como una especie animal dedicada únicamente a la supervivencia en un medio hostil y de recursos limitados.
Prometeo representa a todos los seres de gran evolución espiritual, que decidieron intervenir para dar a los seres humanos una oportunidad de sobrevivir a su limitante condición, trascendiendo su instintos animales, sus ataduras a la materia y a la supervivencia en el entorno de la 3ª dimensión de la manifestación, y sus propias limitaciones como Almas prisioneras en un cuerpo material especialmente denso.
El águila es el animal que simboliza a Zeus, padre de los dioses, quien ejecuta el castigo al Titán. El águila representa también nuestra Divina Presencia, o “Yo Soy” que es nuestro Espíritu Inmortal, y por este motivo figura como símbolo representativo del poder de diferentes naciones y civilizaciones a lo largo de la historia, desde la antigua Roma o la gran Tenochtitlán del México precolombino hasta la actualidad.




El castigo decretado para Prometeo, simboliza la obligación de bajar a esta dimensión de la vida manifestada, en un entorno material de gran densidad como es el planeta Tierra, donde habrá de desenvolverse y actuar entre las pasiones más instintivas y primitivas, para inspirarnos a ser nuestra mejor versión, viviendo periódicamente entre nosotros para enseñarnos a usar el don de la Consciencia que nos ha sido entregado con tanto amor, generosidad, y sacrificio.




Orfeo, Zoroastro, Moisés, Sidharta Gautama “El Buda”, Jesús “El Cristo”... Todos ellos son Prometeo, Héroes Solares como él fue por primera vez en la historia de la Humanidad. Puedes saber más sobre los Héroes Solares leyendo estos dos artículos:

Y todos nosotros somos Heracles, y tenemos una gran responsabilidad en liberar a Prometeo y a nosotros mismos de las ataduras de la materia, tal y como veremos en el próximo artículo.




Hasta entonces, queda abierto un espacio para recordar, reflexionar y agradecer.


Manuel Marques Robles

Mentor y Coach en el Camino del Héroe

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